Archivo por meses: enero 2014

¡Que buena está mi cecina!

Atención que empezamos con receta y mirad a ver qué tal sale, la cecina es para subir nota.

judías blancas

-patatas

-cebolla

-nata

-ajo

aceite de oliva virgen extra

-agua

-pimentón dulce de la vera

cecina

Engañad a los hambrones y convencedles que les vamos a hacer una contundente fabada –la dejamos para el domingo-, prepararemos una receta algo más ligera. Ponemos las judías la noche anterior en agua con un puñado de sal. El día “D”, juntamos en una cazuela las judías, las patatas, la cebolla y las zanahorias con un par de hojas de laurel y un par de dientes de ajo un chorro de aceite y un puñado de sal y las ponemos al fuego. Procurad que las legumbres queden un poquito enteras, que no se deshagan y reservadlas. Mientras con el resto haremos un puré y rectificaremos su textura. Podemos utilizar la nata líquida con lo que nos quedará muy cremosa, también podemos utilizar agua si la queremos más líquida. Le ponemos el punto de sal y pimienta a nuestro gusto. En un vaso de doble chupito, empedramos el fondo con las judías y rellenamos el vaso con la crema. Mientras se atempera, ponemos las páginas de cecina entre don papeles para hornear y las dejamos no más de un cuarto de hora a 180º, quedarán crujientes y nos servirán para decorar el confite y alegrar los corazones. Espolvoreamos con un poco de pimentón de la Vera dulce y damos una nota de color con una lanzita de cebollino. Puede parecer que la cecina tendrá en el plato el papel de chica rubia en película del oeste pero no es así, y más de uno, la utilizará como improvisado y delicioso menaje.

Cecina de León

Cecina de León

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A quien le pique…

¿Sabéis para qué sirve la escala Scoville?. Pues sirve para medir el contenido de capsaicina que se pueden encontrar en algunos alimentos –derivados más o menos directos del pimiento-. ¿Y la Capsaicina es…?. Es un componente químico que estimula los receptores térmicos de la piel y especialmente de algunas mucosas. Traducido en cristiano y resumido, es el grado de picante que tiene un alimento.

Hace unos días, veíamos en un programa de televisión al mediático y famoso chef británico Gordon Ramsay –estrella cumbre del Master Chef original- que viajando por el mundo para conocer gastronomías variopintas, se colaba en un concurso popular en India, donde una buena mujer –desocupada en hacer otra cosa de mayor interés- se metía entre el bindi y la espalda, 60 bhut jolokic, que es un pimiento –del tamaño de uno de Padrón- que tiene el subcampeonato en los productos naturales en la dicha escala Scoville. El inefable cocinero británico apenas tuvo capacidad de mordisquear uno solo de los frutos que después la joven hindú se restregó por los ojos, marcando un nuevo record Guiness –probablemente en la sección de records absurdos y sin interés-.

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Pétalos del Bierzo, el mejor de España.

Pétalos del Bierzo (DO Bierzo)

Pétalos del Bierzo (DO Bierzo)

Álvaro Palacios, es una de las figuras mediáticas más rutilantes dentro del panorama vitivinícola español. Vio la luz entre barricas en la bodega familiar de la localidad riojana de Alfaro. En sus venas y arterias sospechamos no tendrá RH, ni cromosomas, ni ADN, sino taninos, polifenoles o antocianos. Un apasionado del vino que embotella su alma en botellas borgoñesas y bordelesas, que ha vivido entre parras y barricas, con una amplia experiencia cuajada de éxitos. En Priorat con sus míticos L’Ermita, Finca Dofí o Terrases; en Rioja con La Montesa o La Vendimia o los que aquí nos trae al caso, las soberbias elaboraciones en El Bierzo. Junto a su sobrino Ricardo Pérez, hacen maravillas con la variedad mencía, provenientes de unos venerables viñedos y de unas excelentes tierras de gran mineralidad.

Así desde sus instalaciones de Villafranca del Bierzo, nos deleitan con su Corullón, Las Lamas o el excepcional Pétalos del Bierzo, que ha sido elegido por el crítico norteamericano, Robert Parker, el auténtico Dios de la crítica enológica –aunque ateos hay por todo el mundo-, como el mejor vino español en relación calidad-precio. Desde el inicio de nuestra andadura en Porprincipio.com, ha sido y es una de las firmes apuestas dentro de nuestro catálogo y no hemos ido nada desencaminados.

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En la variedad -o no- está el gusto

Tenemos que reconocer que en algunas ocasiones somos especialmente “bellotos” -y este apelativo nos vendrá al pelo con una de los asuntos que abordaremos en esta entrada- y es que cuando se nos mete una idea en esa pelota que utilizamos para guardar eso que desgraciadamente utilizamos tan poco que se llama cerebro, nos empecinamos en no soltarla por mucho que nos torturen. Somos de ideas fijas y no son –esta vez si hablamos en tercera persona- pocos los que se obtusan en ciertos prefectos que ya sea por información errónea u obsoleta, tienen poca o nula validez.

El de Cantimpalos nos encanta, pero el Riojano también.

El de Cantimpalos nos encanta, pero el Riojano también.

Es lícito, respetable y hasta plausible, los gustos personales de cada uno, por diferentes que sean a los nuestros, si bien como expertos –de mayor o menor enjundia- podemos aventurarnos a hablar de aciertos y errores técnicos a la hora de la elaboración de un vino, un jamón o un queso, nunca podremos rebatir con criterio sobre el gusto. Podremos decir si un vino nos parece excesivamente maderizado, alcohólico y no digamos si tiene algún defecto de brettanomyces, sulfhídrico o tricloroanisol. –defectos del vino que podríamos esquematizar en recuerdos a animales, a huevos podridos y a corcho respectivamente- pero después cada persona tiene su gusto y en eso nadie es tan sabio y experto en sus gustos como el mismo.

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A reciclar!!

Si, es cierto, ese ente que te está observando con ojos recelosos desde el fondo de la nevera, resguardándose de la inevitable bombillita del electrodoméstico, se trata de los restos olvidados del delicioso –en tiempos- redondo de ternera, cordero, cochinillo que arrogantemente se había lucido en la pomposa mesa que preparaste por Nochebuena. En recovecos inexplorados de tu alacena han aparecido unos ladrillos pétreos que en su día eran deliciosos dulces navideños de Jijona. Balancines resecos que en su momento fueron jugosa y aromática cecina luciendo junto a las velas navideñas aparecen en ese tupper que siempre creíste que era un accesorio inservible de la refresquera. Pues –por si no te habías enterado- estamos en una crisis galopante y no se puede tirar nada, hay que plantearse el reciclar lo máximo posible y recortar los gastos más que una minifalda de quinceañera. Veremos en esta ligera entrada para ir calentando este 2014 recién estrenado una idea para poder dar salida a ladrillo –y nunca mejor dicho- de turrón de Jijona que cada vez se parece más al de Alicante por su rocosa textura o al propio turrón de Alicante.

Además de la tableta, te tienes que agenciar con:

¼ Kg. de queso crema

2 Huevos

2 cucharadas soperas de azúcar

3 cucharadas del cacao en polvo que también sobró en Año Nuevo

1 taza de café que también utilizaste en Año Nuevo para la resaca (recuerda, para esto te irán mejor los espárragos)

Nata montada

Bizcochos de desayuno (de los duros)

Chorrito de ron al gusto (no hacemos mención a lo que posiblemente habrás ingerido en las fiestas)

Preparación.

Separa las claras y bate bien las yemas, añádele el azúcar y el queso y bate con ganas. Si te han quedado fuerzas, utilízalas para pulverizar el turrón, según lo tengas de antiguo, puedes pedir un Caterpilar en cualquier obra de mantenimiento urbano, aunque si se deja un poquito grueso –ya sabes, las almendras del turrón, sobre todo- no pasa nada porque es un postre de cucharada y únelas al amarillo batido, finalizando esta reunión inicial con la nata montada.

Recuerda que hemos dejado reservadas unas claras que están pidiendo a gritos que las montes –entiéndenos, no al estilo equino, si no a varillas de cocina. Si tienes un robot mejor porque ya tendrás los brazos doloridos con el batido de yemas y el desmenuzado del turrón-. Mezcla con cuidado de artificiero de explosivos todo pero con gracia para quede espumoso y voluminoso como la permanente de tu abuela.

Mientras prepara un carajillo y añade el cacao –si se lo vas a dar a críos, cambia el café por descafeinado y abstente del ron, lo sentimos. Para consolarte echa un poquito más de cacao-. Baña en el café los bizcochos, pártelos en dos o tres trozos y utilízalos como base en el fondo de los vasos donde presentaremos. Vierte la crema de queso y turrón y decora con un poco de cacao y un menhir de bizcocho. Si quieres lucirte, puedes hacer pisos, alternando crema con una capa de bizcochos emborrachados, según te guste. Esta “golosura”, que se puede encontrar en la red con algunas variaciones, es un postre basado en el tradicional tiramisú italiano.

Ya hemos dado salida al turrón, vamos a ver si nos trabajamos el tema del cordero, a ver si se nos ocurre algo, pero a estas alturas…